En el post de hoy vamos a hablar de un plato al que es difícil resistirse y que es un símbolo de nuestra gastronomía: las croquetas.

La palabra viene del francés “croquer” que significa “crujir” y es que este manjar, aunque cueste creerlo, se elaboró por primera vez en Francia. La primera receta data de 1691. Ese mismo año se publicó el recetario de François Massailot, un cocinero muy famoso de aquella época. En este libro nombraba en numerosas ocasiones las croquetas, pero hacía referencia a ellas con la palabra “croquets» y su aspecto era distinto. Eran bolitas hechas de picadillo a base de carne, huevo, trufa y hierbas.

En España, los primeros indicios de este plato fueron durante la Guerra de Independencia. En la minuta de una cena ofrecida en 1812 a las tropas inglesas, se referían a ellas como “un frito de croquetas”. En aquella época se elaboraban para aprovechar la carne que sobraba de los cocidos y de los estofados.

Actualmente, se ha convertido en uno de los entrantes preferidos para abrir el apetito. Su secreto está en que debe ser cremosa por dentro y crujiente por fuera. Es fundamental que la temperatura del aceite ronde los 180 grados para que no se quemen ni se rompan. Para conseguir un empanado perfecto, la harina, el huevo batido y el pan rallado son esenciales. A la hora de freírlas es mejor echarlas poco a poco y al retirarlas colocarlas sobre un plato con papel de cocina para que se absorba todo el aceite.

En Bálamo, tenemos dos variedades: de jamón y de carabineros. Las dos tienen sabores exquisitos y texturas inigualables. Cuidamos al detalle su elaboración, son caseras y siempre apostamos por una materia prima de primera calidad.

¿Las has probado?

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*Foto de Nacho Alcalde